
Y mi mirada se perdía en aquéllos paisajes compartidos,
al tiempo que la velocidad me apartaba de ellos...
El dolor oprimía mi pecho y helaba mis sentidos,
no comprendía el absurdo de mi existencia...
Y mis lágrimas no se resistían a ser derramadas.
Brotaban hasta nublar el horizonte perdido y lejano,
lejano como aquellos días en que juntos surcábamos
cantando y bailando, aquéllas mismas rutas
heladas ahora por un pasado que, de tan cercano,
se empecinaba en ser simplemente presente...
No hay comentarios:
Publicar un comentario